Cómo nos conocimos

Era el día dieciocho de Diciembre del año 2015, cuando nos encontramos en una discoteca de Sevilla llamada Utophia. Porque aunque parezca mentira, el amor si se puede encontrar de fiesta.

Desde esa noche no podíamos dejar de pensar el uno en el otro, pero todavía no podíamos dar comienzo a nuestra historia.

Con el paso de los meses nuestros caminos volvieron a cruzarse como si la vida fuese forzando nuestro destino, y fué en ese momento cuando nos dimos  cuenta que no podíamos dejarnos escapar. Desde entonces hemos caminado de la mano juntos frente a todo.


En noviembre del año 2018 decidimos aumentar la familia, y llegó a nuestra vida nuestro peluche de sharpei de cuatro patas llamada MIA, fue ahí cuando pasamos a ser una bonita familia de tres.

Hace tres años dimos el paso de irnos a vivir juntos y formar nuestro hogar. Con el tiempo hemos aprendido a convivir, aceptarnos, a querernos bien, y a ser mejores juntos.

Es por ello que hemos decidido darnos el sí quiero.


Un 30 de Diciembre de 2022…

Versión ella:

Mi padre, mi madre, mi hermana Lourdes, pero sobre todo Jorge, llevaban meses planeando este viaje, nos íbamos a pasar las fiestas navideñas a NEW YORK. Estábamos todos entusiasmados, acabábamos y comenzábamos el año en la gran ciudad. Sabía que ese viaje sería muy especial, y que lo recordaría siempre, pero nunca imaginé lo que terminaría significando para mí. Si soy sincera, le había repetido en numerosas ocasiones a Jorge que me pidiese matrimonio en este viaje tan significativo, pero tras mi insistencia finalmente lo veía casi imposible.

Ese día tocaba realizar el Tour de Contrastes, acabando la mañana en el Barrio Chino, para finalmente visitar Central Park. Cuando llegamos al último destino, encontraba a Jorge especialmente nervioso. Recuerdo que incluso le pregunté a mi madre si lo notaba raro, a lo que me respondió que no. Ella no tenía ni idea de lo que estaba a punto de pasar, su cómplice y custodia dora del anillo era mi hermana Lourdes.

Estaba caminando junto con Jorge por Central Park. De repente, nos desviamos por un camino de madera que conducía a un mirador también de madera, decorado con pétalos y velas. Al final del camino, detrás del mirador, se extendía el lago de Central Park. En él, descubrí muchas fotos mías desde pequeña hasta la actualidad, con mis amigas, mi familia y, por supuesto, con Jorge y Mía.

En el suelo del mirador, un corazón formado por pétalos rodeaba un sobre rojo con una carta en su interior. El contenido de la carta me preguntaba si quería casarme con él, como si nuestra hija perruna, Mía, lo hubiera escrito. Emocionada, le dije que sí, que quería casarme con ellos, y me entrego el anillo de pedida más precioso del mundo, perfecto para mí y para nuestra historia.

Y así comenzó nuestra nueva etapa juntos, con el lago de Central Park como testigo


Versión él:

Era un viaje que había esperado por mucho tiempo, un sueño que poco a poco fui construyendo en secreto, con cada detalle cuidadosamente planeado. Todo comenzó cuando supe que Tere, mi novia, era la persona con quien quería pasar el resto de mi vida. Decidí que el momento para pedirle matrimonio debía ser perfecto, y ¿qué mejor lugar que Nueva York, una ciudad tan vibrante y llena de magia?

El primer paso fue diseñar el anillo, una pieza única que simbolizaría nuestro amor. Me sumergí en el proceso, creando un diseño que llevaría nuestro vínculo en cada detalle. No podía confiar esta tarea a cualquiera, así que contacté a un joyero en Córdoba, cuya destreza y dedicación eran conocidas. Con el diseño en mano, él creó el anillo, un reflejo de todo lo que siento por Tere.

Con el anillo en camino, el siguiente desafío fue coordinar todo lo necesario para la gran sorpresa en Nueva York. Quería que todo saliera perfecto, así que contacté con el ayuntamiento de la ciudad para reservar un sitio especial en Central Park. También conseguí un fotógrafo que capturaría el momento en que nuestras vidas cambiarían para siempre.

Nadie más sabía de mi plan, excepto mis amigos y mi cuñada Lourdes, a quien le confié la tarea más importante de todas: llevar el anillo a Nueva York sin que Tere sospechara. Cuando emprendimos el viaje, acompañados por mis suegros, tanto Lourdes como yo estábamos llenos de nervios y emoción, conscientes de que solo nosotros sabíamos el verdadero motivo de aquel viaje.

El 30 de diciembre, la fecha que había escogido con tanto cuidado, finalmente llegó. No podía esperar hasta el 31, el caos del último día del año en Nueva York no era el escenario ideal para un momento tan íntimo. Sabía que tenía que cumplir mi promesa de pedirle matrimonio a Tere antes de que terminara el 2022.

Cuando subimos al taxi rumbo a Central Park, los nervios empezaron a invadirme. Todo debía estar perfectamente sincronizado, y no podía permitirme ningún error. Mientras nos acercábamos al lugar, Lourdes, con discreción, me pasó el anillo, y en ese momento sentí que los nervios se multiplicaban. El final de meses de preparación estaba a la vuelta de la esquina.

Al llegar a Central Park, desde el otro lado del lago, pude ver cómo terminaban de preparar el decorado que había organizado. Sabía que aún necesitaba ganar algo de tiempo, así que empecé a entretener al grupo con cualquier excusa que se me ocurría. Sin embargo, mi mente estaba completamente enfocada en el momento que se acercaba.

Finalmente, cuando todo estuvo listo, tomé a Tere de la mano, la acerqué a mí y respiré profundo. La miré a los ojos y le dije: "Cariño, por fin llegó el día". El resto, como bien saben, es historia.

LA BODA DE TERESA Y JORGE
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